LA ENERGÍA Y MOTIVACIÓN DE UN CHEF PICHILEMINO

Iván Llanca (32), oriundo de Pichilemu, le ha puesto sazón y sabor a su vida desde que salió de IV Medio. Y si bien egresó de la carrera de Diseño Gráfico, el apetito por aprender un nuevo oficio, que sería el amor de su vida, lo llevó a matricularse en 2015 en la carrera de Gastronomía Internacional en AIEP.

Según cuenta, en ese entonces con suerte sabía cocinar lo que un escolar promedio prepara para sobrevivir -tallarines- y lo más cercano que había estado de una cocina profesional había sido trabajando como garzón.

Iván se hizo camino al andar… o cocinar. Pasó de ser un neófito a un experto en poco tiempo, siempre ultra motivado gracias a sus docentes quienes le consiguieron excelentes oportunidades de prácticas: una como cocinero en el Hotel W y otra también como chef en el Castillo Forestal, mientras seguía estudiando y aprendiendo en AIEP.

Su primer trabajo fue como chef advisory en una destacada empresa nacional, una labor administrativa donde reforzó sus conocimientos sobre venta de productos, pero su pensamiento y corazón apuntaban al litoral, hacia una ciudad y comuna balneario de la Región de O’Higgins: su natal Pichilemu.

Este conocido destino turístico, especialmente por los amantes del surf quienes practican esta disciplina en la famosa playa Punta de Lobos, fue siempre su hogar y ahí volvió a echar raíces. Su regreso a casa en 2017 coincidió con la inauguración del restaurante La Sal, ubicado en plena costanera de Pichilemu.

Uno de los favoritos para los turistas, no solo por estar emplazado en los roqueríos junto al mar, por su diseño moderno y sus amplias terrazas. También por su cocina fusión, con tintes peruanos, tailandeses y chilenos y los mejores productos locales del mar.

Y acá es, precisamente, donde Iván tiene todo el mérito. Apenas se inauguró en 2017 entró a trabajar como cocinero y su motivación y conocimientos le valieron ser nombrado en apenas tres meses chef ejecutivo. “Un chef ejecutivo prepara la carta dos veces al año, calcula los costos, vela por la estacionalidad de los productos, se preocupa de la sustentabilidad y también interviene en la cocina”, explica.

Se requiere empeño y motivación, dice, no solo para manejar un equipo de 11 personas, sino que también para imaginar, pensar, crear y plasmar nuevas preparaciones y platos cada cierto tiempo, donde además de sus conocimientos culinarios ocupa su expertise en diseño.

LA PANDEMIA Y LAS PIZZAS

La Sal no fue inmune al Covid-19 y como muchos locales gastronómicos golpeados por la pandemia ellos también cerraron durante gran parte de 2020. Entre marzo y septiembre Iván estuvo sin trabajar en el local, aunque nuevamente su gran motivación lo mantuvo activo, empleado y tranquilo. Montó un delivery de pizzas hechas por él con tanto éxito que hasta el día de hoy le piden que vuelva a hacerlas.

Pero desde fines de 2020 La Sal abrió sus puertas nuevamente y el éxito ha sido rotundo. Hay que reservar con varios días de anticipación, su carta ha sido elogiada por prestigiosos medios especializados y todo es miel sobre hojuelas. Iván es un chef ejecutivo feliz, haciendo lo que mejor sabe en la tierra que lo vio surgir. 100% pura motivación.

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